arco rebajado
El arco rebajado es aquel cuya altura (flecha) es menor que la mitad de su anchura (luz), lo que resulta en un perfil más aplanado que el semicírculo perfecto. En la arquitectura de Granada, se utilizó frecuentemente en la transición a la Edad Moderna para salvar grandes luces en portadas, zaguanes y naves industriales sin elevar excesivamente la altura del edificio.

El arco rebajado —también conocido como arco escarzano si es un segmento de circunferencia— supuso una solución técnica brillante cuando los arquitectos de Andalucía necesitaron cubrir espacios muy anchos manteniendo los techos a una altura razonable. Mientras que el arco apuntado buscaba la verticalidad y el cielo, el arco rebajado buscaba la amplitud. Es un arco «comprimido» que ejerce unos empujes laterales muy fuertes hacia los muros, lo que obligó a los constructores a reforzar los estribos o a utilizar muros de gran grosor para evitar que la estructura se abriera.
En Granada, el arco rebajado fue ganando protagonismo a medida que la ciudad se transformaba tras la conquista, adaptándose a las necesidades de los nuevos edificios civiles y comerciales. Fue el aliado perfecto para los zaguanes por los que debían pasar carros o para las naves de las fábricas del siglo XIX donde se necesitaba una visión diáfana del espacio.
¿Donde ver el arco rebajado en Granada?
Este tipo de arco se encuentra en puntos clave de la ciudad donde la funcionalidad manda sobre la decoración:
- Hospital Real (Crucero y patios): En este edificio, que marca la transición de la Edad Media a la Edad Moderna, se pueden observar arcos rebajados de gran luz. Son fundamentales para permitir el paso de aire y luz en los patios sin necesidad de construir plantas excesivamente altas, manteniendo una escala humana y equilibrada.
- Fachadas de la calle Elvira: Muchos de los antiguos comercios y accesos a casas señoriales utilizan el arco rebajado en sus portadas. Al ser una calle estrecha, este arco permitía aperturas muy anchas para el paso de mercancías sin chocar con los balcones de la planta superior.
- Palacio de la Madraza (Exterior): En su fachada barroca, los huecos de las ventanas y puertas presentan formas rebajadas que armonizan con la horizontalidad del edificio, rompiendo con la verticalidad de los antiguos alminares cercanos.
- Antiguas Azucareras (Vega de Granada): En el patrimonio industrial, como en la azucarera de San Isidro, el arco rebajado de ladrillo es la norma. Se usaba para las grandes bocas de los hornos y los accesos a los almacenes, ya que permitía vanos de gran anchura soportando el peso de los pisos superiores donde se acumulaba el grano o el azúcar.
- Puente de los Tableros (Granada): Aunque es un resto arqueológico, se puede intuir cómo los arcos que sostenían las compuertas para inundar el cauce del río Genil o el Darro necesitaban ser rebajados para no elevar demasiado el tablero del puente sobre el nivel del agua.
Técnica: Ladrillo, piedra y mortero
La construcción de un arco rebajado es un reto de ingeniería superior al del arco de medio punto. Al ser tan plano, las dovelas (las piezas que lo forman) tienden a deslizarse hacia afuera. Por ello, en Granada se solía emplear piedra de cantería muy bien labrada en los edificios nobles, asegurando que cada pieza encajara al milímetro para bloquear el movimiento.
En la arquitectura popular y fabril, el protagonista es el ladrillo macizo. Los maestros de obra utilizaban un mortero de cal de gran calidad para dar cierta flexibilidad a las juntas, permitiendo que el arco «asentara» sin quebrarse. Es muy común ver estos arcos en las naves industriales reforzados con una hilada extra de ladrillos colocados de canto (sardinel) para aumentar su resistencia.
El arco rebajado y el Modernismo
Con la llegada del Modernismo a Granada, el arco rebajado sufrió una transformación estética. Se volvió más sinuoso y se empezó a combinar con el hierro. En las celosías metálicas de algunos puentes o en los mercados de la época, el arco rebajado se fabricaba con vigas de acero remachadas, permitiendo luces todavía mayores con una ligereza que la piedra nunca pudo soñar. En las fachadas de la Gran Vía, se utilizaba para coronar grandes ventanales, a menudo decorados con ataurique modernista o motivos geométricos que recordaban vagamente al pasado nazarí pero con una técnica totalmente contemporánea.
Hoy, el arco rebajado sigue siendo un elemento cotidiano en el paisaje granadino. Es el arco que nos da la bienvenida en los zaguanes de las casas del Albaicín y el que sostiene la memoria industrial de la Vega, demostrando que la arquitectura andaluza siempre supo encontrar el equilibrio entre la elegancia de la forma y la exigencia de la función.