arco apuntado
El arco apuntado, también llamado ojival, es aquel que consta de dos tramos de arco que forman un ángulo en la clave, creando una punta en su parte superior. A diferencia del arco circular, este dirige los empujes de forma más vertical, lo que permitió a la arquitectura de la Edad Moderna ganar en altura y ligereza.

El arco apuntado supuso un cambio de paradigma estructural en Andalucía. Mientras que la época árabe se identificó durante siglos con la curva del arco de herradura, la introducción de la punta en la clave permitió a los maestros de obra resolver problemas de carga que los arcos circulares no podían afrontar con la misma eficiencia. Al ser más vertical, el arco apuntado ejerce menos empuje lateral hacia los muros, lo que permite que estos sean más delgados y que se puedan abrir ventanales mucho más grandes.
En Granada, el arco apuntado no solo llegó con el gótico de los Reyes Católicos; ya los arquitectos nazaríes lo utilizaban de forma estilizada para dar una sensación de mayor esbeltez a las puertas monumentales y a los interiores de los palacios árabes. Sin embargo, es tras la conquista cuando la ciudad vive una auténtica eclosión de este tipo de arco, especialmente en los edificios que buscaban romper con la horizontalidad andalusí para acercarse a los modelos europeos de la época.
Lugares donde ver el arco apuntado en Granada
Para entender la diferencia visual y estructural de este arco, lo mejor es observar estos edificios:
- Capilla Real (Granada): Es el ejemplo de gótico tardío más importante de la ciudad. Aquí el arco apuntado es el protagonista absoluto, sosteniendo las bóvedas de crucería. Se puede observar cómo la punta del arco permite que la techumbre se eleve mucho más que en las construcciones anteriores, creando un espacio solemne y vertical.
- Puerta de la Justicia (Alhambra): Aquí se ve el arco apuntado en su versión granadina: el arco túmido. El gran arco exterior que enmarca la mano grabada es un arco que termina en punta pero que se cierra en su base. Es la fusión perfecta entre la técnica gótica y la estética de la época árabe.
- Iglesia de San Juan de los Reyes (Albaicín): En su interior, los arcos apuntados de ladrillo muestran la sencillez del mudéjar granadino. Son arcos funcionales que sustituyeron a las antiguas estructuras de la mezquita, aprovechando que el ladrillo y el mortero de cal permitían levantar estas formas ojivales con rapidez.
- Monasterio de San Jerónimo: En sus naves se aprecia cómo el arco apuntado evolucionó hacia formas más anchas y complejas (arcos carpaneles o rebajados), pero manteniendo siempre esa ruptura en la clave que indica que el peso se está distribuyendo de forma moderna y eficiente.
- Hospital Real: En sus patios y fachadas, el arco apuntado convive con las primeras líneas del Renacimiento. Es un lugar excelente para ver cómo la transición hacia la Edad Moderna mantuvo la ojiva para las zonas de carga mientras el resto de la decoración se volvía más clásica.
Ingeniería y estética: El ladrillo vs. La piedra
La construcción de un arco apuntado en Granada variaba según el presupuesto y el uso del edificio. En las iglesias de barrio del Albaicín o el Realejo, se utilizaba el ladrillo. Al ser piezas pequeñas, permitían «dibujar» la punta del arco con facilidad, rellenando las juntas con mortero de cal para dar elasticidad al conjunto. Este sistema era ideal para soportar las cubiertas de madera tipo alfarje que solían cerrar estos templos.
Por el contrario, en las grandes obras reales, el arco apuntado se labraba en piedra. Esto requería un estudio de cantería mucho más avanzado, ya que cada dovela (la pieza de piedra del arco) debía tener una inclinación exacta para que la punta superior no se desplomara. El resultado era una estructura eterna que hoy permite que edificios de más de quinientos años sigan en pie sin apenas deformaciones.
La herencia en el Modernismo
A finales del siglo XIX, el Modernismo granadino rescató el arco apuntado dentro de la corriente neogótica. En muchas casas señoriales de la Gran Vía, se pueden ver miradores y ventanas que utilizan la punta ojival como un recurso de distinción. No tenían una función de carga real, ya que para entonces se utilizaban vigas de hierro o celosías metálicas ocultas, pero estéticamente servían para recordar la grandeza del pasado medieval de la ciudad.