Alamedilla: un pueblo entre los Montes de Granada

Antes de cruzar el umbral de la iglesia, conviene situar el lugar.
Alamedilla es un pequeño municipio de la provincia de Granada enclavado en la comarca de los Montes Orientales, esa franja de mayor altitud que separa la Hoya de Guadix de la cuenca del Guadalquivir . La rodean localidades como Pedro Martínez, Laborcillas, Moreda, Gobernador, Guadahortuna y Huélago, conformando un territorio rural de gran riqueza histórica y paisajística.
El pueblo nació sobre los restos de una antigua alquería andalusí . Su trazado urbano revela ese origen: las casas se agrupan en torno a un cerro, con dos calles paralelas que descienden y confluyen en la iglesia. Fue esta, durante siglos, el nexo entre el núcleo primitivo del Cerrillo y el resto del pueblo que fue creciendo ladera abajo, siguiendo las curvas de nivel hacia el este.
Desde Granada capital, Alamedilla se alcanza en poco más de una hora por carretera. No figura en las guías de viaje de gran formato, y precisamente por eso merece la visita. Aquí el patrimonio cultural no compite con el bullicio. Se vive en silencio, en piedra y en madera.
Y en el centro de todo, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Anunciación: el edificio más notable del casco urbano y el corazón espiritual del pueblo desde hace más de cuatro siglos.
Historia de la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación
De alquería a parroquia: los orígenes tras la Reconquista
En 1489, en el tramo final de la Reconquista de Granada, las tropas castellanas conquistaron este territorio. Las tierras pasaron a manos de la Corona de Castilla y comenzó un lento proceso de repoblación cristiana que transformó radicalmente la organización social y religiosa de la zona.

En aquellos primeros años, Alamedilla era poco más que una cortijada dispersa con escasa población. Por eso, cuando en 1505 se organizó formalmente la estructura parroquial del reino de Granada, esta localidad no recibió parroquia propia. Dependía religiosamente de la Parroquia Mayor de Guadix.
Para cubrir las necesidades espirituales más inmediatas de aquella primera comunidad, existió en el lugar una iglesia anterior bajo la advocación de San Antonio, una estructura modesta adaptada a los recursos de una aldea incipiente.
El Sínodo de 1554: el nacimiento oficial de la parroquia
A mediados del siglo XVI, la situación había cambiado. La zona de los Montes de Guadix había experimentado un crecimiento demográfico significativo. Aquella cortijada se había convertido en un pueblo real, con familias asentadas, tierras en cultivo y necesidad de una estructura religiosa propia.
Fue entonces cuando llegó el momento decisivo. En 1554, el obispo Martín de Ayala presidió el célebre Sínodo diocesano que reorganizó la vida eclesiástica de todo el territorio. En ese concilio se tomó la decisión de erigir nuevas iglesias en varios núcleos de los Montes de Guadix: la de San Sebastián en Gobernador, la de Nuestra Señora de la Concepción en Moreda y, en Alamedilla, la iglesia que hoy conocemos como la Anunciación.

Con esa decisión, Alamedilla dejaba de depender de Guadix y adquiría su propia identidad parroquial. No era solo un cambio religioso. Era un reconocimiento institucional del pueblo como comunidad, con su propia iglesia, su propio cura y su propio registro de bautismos, matrimonios y defunciones.
El Sínodo de 1554 trajo consigo otras disposiciones que marcaron la vida cotidiana de los vecinos. En un contexto en que la población morisca seguía siendo numerosa, la Iglesia impuso normas estrictas de integración: prohibición de nombres árabes, obligatoriedad del bautismo con examen previo, y un sistema de pagos para el mantenimiento del templo —una torta para el sacristán, una vela para el oficiante— que regulaba hasta los detalles más pequeños de la vida parroquial.
La construcción del templo: de 1550 a finales del siglo XVII
La historia constructiva de la iglesia de Alamedilla es larga, compleja y fascinante. Las obras no se desarrollaron de un tirón, sino a lo largo de décadas, interrumpidas por las revueltas moriscas, las crisis económicas y la escasez de recursos que caracterizaba la vida rural granadina de la época.

El primer contrato documentado data de 1550, antes incluso del Sínodo. El proyecto inicial era modesto: una iglesia de nave única, muros de mampostería, portada sencilla de piedra, y junto a la cabecera, un aposento para el abad y la sacristía.
Pero las obras nunca fueron fáciles. La Rebelión de las Alpujarras (1568-1571) sacudió todo el territorio granadino. La economía se contrajo, la mano de obra se dispersó y muchos proyectos constructivos quedaron paralizados o abandonados. La iglesia de Alamedilla no fue una excepción.
No fue hasta 1593 cuando se retomó la obra con decisión. Ese año se firmó un nuevo contrato con el maestro Juan Caderas de Riaño, que especificaba con precisión lo que quedaba por hacer: continuar las obras de la capilla mayor con piedras de la cantera del Hacho, terminar el campanario y construir la armadura de par y nudillo con madera de pino traída de Huéscar o Gor. En la portada se preveía colocar una hornacina con una imagen de San Antón en piedra. Las obras concluyeron en 1596.
A lo largo del siglo XVII, el templo siguió recibiendo mejoras. Se documentan nuevas intervenciones a cargo del maestro Miguel Guerrero y del albañil Jacinto Villalba, que fueron adaptando el edificio a las necesidades crecientes de la comunidad.
Reformas y transformaciones modernas
El templo que hoy puede visitarse no es exactamente el que describían aquellos contratos del siglo XVI. Diversas reformas posteriores han modificado su configuración original de manera sustancial.

La nave única del proyecto inicial se convirtió en un templo de tres naves, con la central más elevada que las laterales. La cubierta moderna de la nave central probablemente oculte bajo sus capas la vieja armadura de madera original. Las naves laterales conservan techumbre de madera. La capilla mayor se cubre hoy con una cúpula pintada de época moderna.
Solo la torre campanario conserva en su base los sillares de piedra que remiten a las primeras fases constructivas, funcionando como testimonio directo del edificio primitivo.
La portada actual es sencilla, sin decoración, resultado de reformas contemporáneas.
Se sabe también que, a lo largo del siglo XIX, el templo fue uno de los incluidos en las listas de iglesias diocesanas que necesitaban reparación urgente por deterioro y ruina. Aquella época de dificultades económicas para la Iglesia española dejó su huella en muchos edificios parroquiales rurales de la provincia, y Alamedilla no fue la excepción.
Arquitectura y características del templo
El estilo mudéjar granadino
La iglesia de la Anunciación se inscribe en la tradición del mudéjar granadino, ese estilo que mezcla la herencia constructiva hispanomusulmana con las necesidades del culto cristiano.
Es un lenguaje arquitectónico que no busca la magnificencia de las catedrales. Su virtud es otra: la solidez, la funcionalidad y la integración armónica en el entorno rural. Los artesanos que lo desarrollaron sabían hacer mucho con pocos medios. Y lo que hicieron ha resistido cuatro siglos.
El exterior: sobriedad y presencia

Desde fuera, la iglesia impone su presencia en el paisaje urbano de Alamedilla con una discreción que no oculta su importancia. Los muros están construidos con ladrillo y cajones de mampostería, materiales típicos de la arquitectura rural granadina de los siglos XVI y XVII.
La torre campanario es el elemento más reconocible del conjunto. Visible desde cualquier punto del municipio, su silueta marca el perfil del pueblo y funciona como referencia visual para quien se acerca desde la carretera. En su base se conservan los sillares de piedra originales, testimonio directo de la construcción del siglo XVI.
La portada actual es moderna y carece de decoración elaborada. Nada en ella recuerda a la hornacina con la imagen de San Antón en piedra que preveía el contrato de 1593. Las sucesivas reformas han ido borrando esa capa histórica del exterior.
El interior: tres naves y madera antigua
Al entrar al templo, el espacio se organiza en tres naves separadas por arcos de medio punto. La nave central es la más amplia y elevada; las laterales, más bajas, la flanquean con una arquitectura que transmite robustez y recogimiento.
Las cubiertas son uno de los elementos más interesantes del interior. Las naves laterales conservan su techumbre de madera, probablemente heredera de la tradición de carpintería de lo blanco que tanto caracteriza la arquitectura granadina de este periodo. Bajo la cubierta moderna de la nave central podría ocultarse, según apuntan los expertos, la armadura original de par y nudillo construida a finales del siglo XVI con madera de pino de las sierras próximas.

La capilla mayor se cubre con una cúpula decorada de ejecución moderna, que aporta luminosidad al espacio pero altera la percepción del templo primitivo.
El conjunto genera un ambiente de paz y recogimiento difícil de encontrar en los grandes templos urbanos. No hay ornamentación excesiva. Solo piedra, madera y luz.
El patrimonio artístico: el Cristo de Espinosa
Si hay una pieza que concentra la devoción y la memoria emotiva de Alamedilla, es el Cristo Crucificado que preside la iglesia.
La talla fue realizada en 1939 por el escultor granadino Espinosa, conocido popularmente en el pueblo como el Cristo de la Luz. No fue un encargo institucional.
Lo encargó doña Loreto Jerez Sánchez, conocida en el pueblo como «la ingeniera», en memoria de su difunto esposo, el ingeniero don Antonio Jerez Ferrer. Ella donó la imagen a la iglesia, y desde entonces ha permanecido en el templo como objeto de una devoción profunda y constante por parte de los vecinos.
La historia de esta talla no puede entenderse sin su contexto. El patrimonio artístico de la iglesia había sufrido daños considerables durante la Guerra Civil española. Muchas imágenes se perdieron o fueron destruidas. La llegada del Cristo de Espinosa en 1939 fue, en ese sentido, mucho más que una donación artística: fue un gesto de reconstrucción y esperanza para una comunidad que intentaba recomponer su vida y su patrimonio tras años de conflicto.
El resto de imágenes que pueblan el templo son en su mayoría tallas modernas. En Semana Santa destaca la procesión con la Virgen de los Dolores y el Santo Entierro, que recorre las calles del pueblo manteniendo viva una tradición centenaria.
Qué ver en Alamedilla y alrededores
La iglesia de la Anunciación es el plato principal de cualquier visita a Alamedilla, pero el pueblo tiene más que ofrecer.
- El puente del Hacho: un elemento del paisaje histórico local que merece una parada.
- El casco urbano: las calles blancas, las plazas tranquilas y la arquitectura popular conforman un conjunto de gran encanto.
- El entorno natural de los Montes Orientales: perfecto para el senderismo y el avistamiento de fauna en un paisaje agrícola y serrano de gran belleza.
- Los pueblos vecinos: Guadahortuna, Moreda, Gobernador y Pedro Martínez completan una ruta por el patrimonio rural del norte de Granada.
- La gastronomía local: el aceite de oliva, los embutidos artesanales y la repostería tradicional son parte indisociable de la experiencia.
Visita Alamedilla. Entra en su iglesia. Escucha lo que las piedras tienen que contar.