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Ruta de los cañones de Lanjarón 

    Ruta de los cañones de Lanjarón 

    Hay pueblos que guardan su memoria en archivos polvorientos, en las hornacinas de sus iglesias o en los escudos nobiliarios que decoran sus fachadas. Pero Lanjarón, ese rincón estratégico encaramado en las faldas meridionales de Sierra Nevada, ha elegido un lenguaje más contundente para narrar su pasado: el del hierro, el bronce y el acero. Pasear por sus calles no es solo transitar por la «Puerta de la Alpujarra », es recorrer una línea de tiempo bélica custodiada por cuatro piezas de artillería que han definido la identidad de sus habitantes.

    En Lanjarón, ser llamado «cañonero» no es un apodo baladí ni un gentilicio despectivo nacido de la chanza vecinal. Es una medalla invisible que los lanjaronenses portan con una dignidad inquebrantable. Es un título de honor que se remonta a siglos de resistencia y que hoy se materializa en la llamada Ruta de los Cañones, un itinerario que no tiene parangón en ninguna otra localidad española por su concentración de piezas y, sobre todo, por el arraigo emocional que el pueblo tiene hacia ellas.

    El Rugido de 1810: El Nacimiento de una Identidad

    Para comprender por qué un pueblo de montaña vive volcado hacia su artillería, es obligatorio retroceder a los primeros años del siglo XIX. La Península Ibérica era entonces un tablero de ajedrez donde las tropas de Napoleón Bonaparte avanzaban con la arrogancia de quien se sabe dueño del mundo. Pero el mundo, para los mariscales franceses, terminaba donde empezaban los barrancos de la Alpujarra.

    Lanjarón no se rindió. Mientras otras plazas abrían sus puertas ante el temor al ejército imperial, los campesinos, pastores y arrieros de este municipio decidieron que su tierra no sería hollada sin resistencia. Fue durante la Guerra de la Independencia cuando el término «cañonero» se fraguó en el fuego de la batalla. Los habitantes de la villa se destacaron por una defensa heroica, utilizando lo que tenían a mano. Y lo que tenían era un antiguo mortero.

    Ruta de los cañones de Lanjarón 

    La épica cuenta que los guerrilleros locales, conocedores de cada palmo de la sierra, no solo hostigaron a las columnas francesas, sino que en un acto de audacia temeraria, lograron arrebatarles parte de su armamento. Con esa artillería capturada se hicieron fuertes, convirtiendo los desfiladeros en trampas mortales y repeliendo la invasión hasta más allá del Puente de Tablate, en la comarca del Valle de Lecrín . Aquel éxito no fue solo militar, fue psicológico. El pueblo que había vencido al invasor con sus propios cañones ya nunca volvería a ser el mismo.

    Existe, no obstante, una segunda teoría sobre el mote, algo más festiva pero igualmente reveladora del carácter local. Se dice que en 1860, con motivo de la visita de la reina Isabel II y Francisco de Asís, el pueblo desplegó tal estruendo de salvas de ordenanza que los pueblos limítrofes, asombrados por el despliegue pirotécnico y balístico, comenzaron a referirse a ellos como «los del cañón». Sea por la sangre de la guerra o por el estruendo de la fiesta, el resultado es el mismo: hoy, el gentilicio oficial es doble, lanjaronenses o cañoneros, y así consta con orgullo en los registros municipales.

    El Trágico Destino del Cañón Original

    Durante más de un siglo, el cañón capturado a los franceses ocupó un lugar de honor frente al Ayuntamiento. Era el abuelo del pueblo, el testigo mudo de las historias de los abuelos a los nietos. Sin embargo, la historia de España es a veces una ironía cruel. Durante la Guerra Civil, la mítica pieza fue retirada de su pedestal. En un momento de necesidad extrema de metal para la industria bélica, el símbolo de la libertad contra Napoleón fue fundido para fabricar munición. El cañón que había servido para repeler a un invasor extranjero terminó convertido en balas para una lucha fratricida.

    Pero un pueblo no olvida tan fácilmente. Lo que el fuego fundió, la voluntad política y el orgullo vecinal lo reconstruyeron décadas después, dando lugar a la ruta que hoy podemos disfrutar.

    Primera Parada: La Cañona del Mirador (La Matriarca)

    Ruta de los cañones de Lanjarón 

    Si el viajero llega a Lanjarón por la carretera A-348 desde Granada, se topa de frente con la primera pieza del puzzle histórico. En un mirador privilegiado, asomado al abismo que domina el Castillo Árabe, se encuentra La Cañona.

    Se trata de una pieza de pequeño calibre, un mortero de montaña que representa aquel que se usó contra las tropas napoleónicas. Aunque es una réplica del original fundido, su valor simbólico es absoluto. Situada en la Avenida de la Alpujarra, es la «bienvenida» al territorio cañonero. Desde este punto, el contraste es sobrecogedor: a un lado, la tecnología de guerra del siglo XIX; al frente, las ruinas del castillo del siglo XII que nos recuerda que Lanjarón ha sido, desde siempre, una plaza codiciada. El capitán musulmán que prefirió arrojarse desde la torre antes de rendir el castillo en tiempos de los Reyes Católicos parece haber dejado su espíritu de resistencia impregnado en el hierro de este mortero.

    Segunda Parada: El Cañón del Ayuntamiento (El Orgullo de la Armada)

    Ruta de los cañones de Lanjarón 

    Descendiendo hacia el corazón del casco urbano, llegamos a la Plaza del Ayuntamiento. Aquí se encuentra la pieza más fotografiada y, posiblemente, la más imponente por su factura clásica. Es un cañón naval del siglo XVIII, una mole de bronce y hierro de tres metros de longitud y 2.700 kilos de peso.

    ¿Cómo llegó un cañón diseñado para la cubierta de un navío de guerra a un pueblo de montaña a 700 metros de altitud? La historia es un ejemplo de diplomacia y tenacidad. En el ocaso del siglo XX el alcalde de la localidad, José Rubio por aquel entonces, consciente de que al pueblo le faltaba «su» cañón tras la pérdida del original, inició una serie de gestiones con la Armada Española. Su argumento era sencillo pero irrebatible: «Lanjarón es un pueblo artillero por derecho propio».

    El 29 de octubre del año 2000, la promesa se cumplió. La pieza viajó desde el Puerto de San Fernando en Cádiz hasta el puerto de Motril a bordo del patrullero Vigía. Desde allí, en un transporte especial que desafió las curvas de la sierra, el cañón subió hasta la plaza del pueblo. En la ceremonia de entrega, el Almirante Alfonso Mosquera destacó el vínculo especial entre la Armada y esta villa, una relación que rompe la lógica geográfica para basarse en la fraternidad militar.

    Ruta de los cañones de Lanjarón 

    Hoy, este cañón es el epicentro de la vida social; los niños juegan sobre él y los turistas se retratan ante su imponente cureña, recordando que la historia de España también se defendió desde estas cumbres.

    Tercera Parada: El M1 de 90 mm (El Coloso Americano)

    La ruta da un salto tecnológico de casi 150 años al llegar a las inmediaciones del puente sobre el río Lanjarón. Allí, dominando la salida hacia Órgiva, descansa un cañón antiaéreo M1 de 90 mm. Es una pieza de ingeniería estadounidense que nos traslada directamente a los escenarios de la Segunda Guerra Mundial y los inicios de la Guerra Fría.

    Ruta de los cañones de Lanjarón 

    Para los entusiastas de la militaria, este cañón es una joya. Fue el equivalente aliado del temido 88 mm alemán. Su capacidad era terrorífica: podía disparar proyectiles a una distancia horizontal de 19 kilómetros o alcanzar objetivos aéreos a 13.000 metros de altura. Si este cañón estuviera operativo hoy, podría «limpiar» los cielos por encima del mismísimo Mulhacén (3.478 m) casi cuatro veces.

    Su ubicación junto al río no es casual. Representa la modernización del espíritu artillero del pueblo. Cedido por el Ejército de Tierra este M1A1 simboliza la defensa del espacio soberano. Ver esta mole de acero verde oliva, diseñada para cálculos balísticos computarizados y radares SCR-268, reposando bajo la sombra de los castaños milenarios, crea un anacronismo visual que es pura poesía para el viajero.

    Cuarta Parada: El Trubia FT-44 en el Mirador del Visillo (El Prototipo Único)

    La ruta culmina con su incorporación más reciente y, para muchos, la más fascinante desde el punto de vista histórico-técnico. Se encuentra en el Mirador del Visillo, un balcón natural que ofrece las mejores vistas del Pico del Caballo y el valle del río. Allí se alza el Trubia FT-44 Galileo de 88 mm.

    Ruta de los cañones de Lanjarón 

    Esta pieza es un testimonio excepcional de la industria nacional española. Fabricado en la histórica Fábrica de Armas de Trubia (Asturias) en la década de 1940, es la versión española del célebre FlaK-18 alemán. Sin embargo, el ejemplar de Lanjarón tiene una particularidad que lo hace único en el mundo: es el prototipo modernizado de los años 70.

    En aquella época, los ingenieros españoles intentaron dotar a este cañón de sistemas de puntería automáticos y control remoto mediante radar 3MK7. El proyecto finalmente no prosperó y no llegó a fabricarse en serie, lo que convierte a esta pieza en una «rara avis». Fue donado en 2020 por el MADOC (Mando de Adiestramiento y Doctrina) y su inauguración fue un evento de Estado a pequeña escala. El grupo «Artillería de Bailén 1808» disparó salvas con trajes de época, uniendo así el origen napoleónico del gentilicio con la tecnología de finales del siglo XX.

    Lanjarón: Un Museo de al Aire Libre

    Lo que hace que la Ruta de los Cañones sea excepcional no es solo la belleza de las piezas, sino la coherencia del relato que construyen. En pocos kilómetros, el visitante puede observar la evolución de la guerra y la defensa:

    1. El mortero napoleónico (Resistencia de guerrilla).
    2. El cañón naval del XVIII (Poderío imperial y naval).
    3. El M1 antiaéreo (Guerra mecanizada y defensa del espacio aéreo).
    4. El FT-44 Trubia (Industria nacional y experimentación tecnológica).

    Pero más allá del hierro, está el componente humano. Lanjarón ha sabido integrar estas máquinas de guerra en su urbanismo de una forma natural y pacífica. No se ven como instrumentos de muerte, sino como hitos de una biografía colectiva. El pueblo, que fue escenario de la rebelión de los moriscos y que vio cómo el capitán defensor del castillo prefería el suicidio a la deshonra, ha encontrado en los cañones el símbolo perfecto de su carácter: firme, resistente y orgulloso de sus raíces.

    Consejos para el Viajero «Artillero»

    Realizar la ruta completa es sencillo. El casco histórico de Lanjarón invita a caminar, con sus tinaos (porches típicos alpujarreños) y sus calles estrechas de paredes encaladas.

    • A pie: Se puede recorrer los tres primeros cañones en un paseo de una hora, disfrutando de las fuentes que jalonan el camino y que llevan grabados versos de Federico García Lorca.
    • En coche: El cuarto cañón (El Visillo) requiere un pequeño desplazamiento por la A-348 hacia Órgiva. Es el lugar ideal para terminar la ruta al atardecer, cuando la luz dorada baña el Castillo Árabe y las siluetas de los cañones parecen recortarse contra la historia.

    Si alguna vez visitas la Alpujarra y escucha un eco retumbando entre los barrancos, no se asuste. Quizás sea solo el viento de Sierra Nevada jugando con los tubos de acero, o quizás sea el orgullo de un pueblo que, hace más de doscientos años, decidió que nadie les arrebataría su nombre: los Cañoneros de Lanjarón.

    📅 Eventos y Festividades

    Fiestas de San Sebastián
    📆 20 de enero
    Celebración del patrón del municipio con procesiones y actos religiosos tradicionales que marcan el inicio del calendario festivo del año.
    Rustic Festival
    📆 26 de abril
    Un encuentro de música y convivencia en el entorno de la Alpujarra que celebra la cultura, la alegría y el respeto por el entorno natural.
    Fiestas de San Juan
    📆 24 de junio
    El evento más famoso de Lanjarón. Incluye la mítica "Carrera del Agua" a medianoche y degustaciones gratuitas de jamón de la zona a la mañana siguiente
    Fiesta de la Castaña
    📆 1 de noviembre
    Una celebración consolidada del otoño que une a vecinos y visitantes en torno a la tradición de tostar castañas y disfrutar del ambiente festivo.

    🧭 Consejos para viajar

    🚗 Transporte

    Lanjarón es la puerta de entrada a la Alpujarra granadina y cuenta con excelentes conexiones tanto por carretera como por transporte público desde los principales núcleos de Andalucía.

    • Para llegar en vehículo particular desde Granada, toma la autovía A-44 dirección Motril y utiliza la salida 164.
    • Si vienes desde Málaga en coche, sigue la A-7 hacia Almería y conecta con la A-44 dirección Granada hasta la salida hacia la Alpujarra.
    • La compañía ALSA ofrece líneas regulares directas desde la Estación de Autobuses de Granada con una duración aproximada de 1 hora.
    • También existen conexiones en autobús desde el Hospital Campus de la Salud (Granada) que suelen tardar unos 40-50 minutos.
    • Existen rutas de autobús que conectan Málaga con Lanjarón, generalmente haciendo transbordo en Granada o mediante paradas intermedias en la costa.
    • Se recomienda consultar los horarios actualizados en la web de ALSA, especialmente para las frecuencias de fin de semana.
    • Aparcar en el centro puede ser complicado en días de fiesta; se recomienda usar los parkings habilitados a la entrada del municipio.
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