
Un rincón con encanto en el Paseo de los Tristes
Cuando llegamos al Paseo de los Tristes, nos sobrecoge la visión casi fantasmal del Hotel Reuma, al otro lado del Río Darro . Para llegar a él debemos cruzar el Puente de Las Chirimías, una pieza clave en el paisaje granadino.
Este rincón parece detenido en el tiempo, donde el murmullo constante del agua acompaña los pasos de los viajeros. Es, sin duda, uno de los puntos más fotografiados de la ciudad por su cercanía con la colina de la Sabika .
Frente a este Puente de Chirimías se encuentra la escultura que homenajea al bailaor y coreógrafo Mario Maya. Hablamos de uno de los referentes contemporáneos de la danza flamenca, cuyo arte sigue resonando en las cuevas del Sacromonte .

Origen y reconstrucción: Del medievo al siglo XIX
El puente de las Chirimías se construyó, o más bien se reconstruyó, entre los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, su historia se hunde mucho más atrás en el tiempo, en la época en la que Granada era el corazón del reino nazarí .
Es muy probable que en época musulmana existiera una pasarela en esta misma zona. Por aquel entonces, era conocido como Puente del hijo de Raxiq (Qantarat Inb-Raxiq), sirviendo como conexión vital entre ambas orillas del Darro.
La resurrección de 1882
No fue hasta 1882 cuando el puente volvió a ponerse en pie tras haber quedado en ruinas por el empuje del río. Se levantó entonces este arco de un solo ojo que hoy vemos, devolviendo por fin el paso a esta parte del valle.
Se usó una mezcla de ladrillo y mampostería que le da ese aire tan de aquí, tan granadino. Es una estructura que aguanta bien el tipo y que, a pesar de su sencillez, encaja de maravilla entre la Alhambra y el Albaicín.
¿De dónde viene el nombre de las Chirimías?

El nombre le viene por su vecina de al lado, la famosa Casa de las Chirimías que preside la esquina. Aquel edificio barroco era en realidad un palco, el sitio donde los músicos se instalaban para ponerle banda sonora a las fiestas.
El término “Chirimías” se refiere a ese instrumento de viento que tanto recuerda al sonido del oboe actual. Tiene una forma cónica y soltaba unas notas tan agudas y potentes que se oían perfectamente por encima del jaleo de la plaza.
Era el alma de los festejos de toros y cañas, muchas veces acompañado por el ritmo de los tamboriles. Con las chirimías se tocaban aires de danza del Renacimiento y el Barroco, llenando de vida cada rincón del paseo.
El Puente del Monte de Piedad
Este Puente de las Chirimías es también conocido como Puente del Monte de Piedad. Este nombre se debe a que se encuentra junto a la casa que albergó la primera institución de este tipo en Granada.
Dicha institución fue clave para la ayuda social en siglos pasados, marcando la identidad del barrio. Hoy, ambos nombres conviven para recordar las distintas funciones que ha tenido este rincón tan especial.
Un paseo imprescindible por el corazón de Granada
Caminar sobre las piedras de este puente es sentir el peso de los siglos bajo los pies. Al mirar hacia abajo, vemos cómo el Darro sigue su curso incansable, ajeno al bullicio de los turistas y locales que cruzan cada día.

Si te detienes un momento, verás una de las mejores perspectivas de las murallas de la Alhambra. Es el lugar ideal para respirar hondo y comprender por qué Granada ha inspirado a tantos poetas y artistas de todo el mundo.
La vegetación de la ribera, el sonido del agua y la luz del atardecer crean una atmósfera mística. No es raro encontrar aquí a pintores intentando capturar ese color dorado que solo tiene el valle del Darro al final del día.
Granada es una ciudad que se descubre con los sentidos, y este puente es una parada obligatoria en cualquier ruta. Une la vida vibrante del Paseo de los Tristes con el misterio que aguarda en los bosques que suben hacia el Generalife.
Cuando cruces el Puente de las Chirimías, hazlo sin prisa y fíjate en cada detalle del ladrillo y la piedra. Quizás, si hay suficiente silencio, aún puedas imaginar el eco de las viejas flautas que antaño alegraban el corazón de la ciudad.