Cuando el calor se retira de la Alpujarra granadina, los castañares de la falda sur de Sierra Nevada se tiñen de ocre y los pueblos blancos recuperan una tradición que tiene más de reunión que de espectáculo: la recogida de la castaña y su fiesta. Aquí la llaman Mauraca, y eso ya debería ser motivo suficiente para ir.
Un bosque que llegó con los colonos del norte

El castaño no es un árbol originario de la Alpujarra , pero lleva aquí tanto tiempo que ya nadie lo recuerda de fuera. La historia de cómo llegó está ligada a uno de los episodios más turbulentos de la historia de Granada: la expulsión de los moriscos tras la guerra de las Alpujarras de 1568–1571.
Cuando Felipe II ordenó la deportación de la población morisca en 1571, los pueblos de la comarca quedaron prácticamente vacíos. El Consejo de Población —organismo creado expresamente para gestionar la crisis— convocó a familias de toda la Península para repoblar el territorio. Llegaron colonos de Castilla, Extremadura, Murcia y también del norte: gallegos, asturianos y leoneses que traían consigo sus costumbres, entre ellas la tradición de asar castañas al fuego a la llegada del otoño. Esa costumbre, el magosto gallego y asturiano, arraigó en la Alpujarra Alta y con el tiempo adquirió nombre propio: Mauraca.

El término aparece ya en la duodécima edición del diccionario de la Real Academia Española, de 1884, como provincialismo andaluz: «acto de asar castañas, bellotas o mazorcas de maíz en el campo y al aire libre, sin más arte que cubrir gran cantidad de ellas con un montón de leña menuda». Una definición que capta perfectamente la esencia de algo que lleva siglos haciéndose igual.
Dónde están los mejores castañares
El castaño encontró en la Alpujarra Alta un terreno a su medida: laderas húmedas, umbrías y con suficiente altitud para el frío que necesita este árbol. Los castañares no forman un bosque continuo sino que conviven con almendros, olivos y bancales de regadío en la misma ladera, de modo que el color otoñal no llega de golpe ni de forma uniforme. Eso es precisamente lo que los hace interesantes para visitar: el paisaje cambia de semana en semana y de altitud en altitud.

Conserva algunos de los castaños más viejos de toda la comarca, con ejemplares que la tradición local sitúa en época morisca —es decir, anteriores incluso a la repoblación del siglo XVI. Celebra cada año su propia fiesta de la castaña, con concurso de la «castaña de oro» incluido.
Tres de los pueblos más altos de la comarca tienen también castañares que se recolectan en otoño y que marcan buena parte de su paisaje entre octubre y diciembre. En Bubión, la Mauraca suma gaitas a la hoguera —un guiño directo a sus orígenes norteños— y convierte la plaza en un escenario de evidente raíz gallega.

La puerta de la Alpujarra celebra su castañada cada 31 de octubre, víspera de Todos los Santos. El Ayuntamiento reparte gratuitamente alrededor de mil kilos de castañas asadas entre vecinos y visitantes, acompañadas de anís y gachas tradicionales preparadas por las personas mayores del pueblo. Congrega más de 3.000 personas cada año.

Hacia el este, el paisaje de badlands se vuelve más dramático, con cárcavas profundas y las Chimeneas de Hadas que merece combinar con la visita a los castañares si se tiene el día entero. Toda la zona forma parte del Geoparque del Cuaternario.
Qué es la Mauraca y cómo se celebra

La Mauraca no es una feria gastronómica en el sentido moderno del término. Es, ante todo, una reunión al aire libre. Se organizan rutas para recoger castañas por el monte y, ya de vuelta, se asan en una hoguera comunal al son de música y baile tradicional, acompañadas de vino —del dulce y del seco— y de anís o aguardiente, según el pueblo.
La definición de la RAE de 1884 describe la Mauraca como «acto de asar castañas en el campo y al aire libre, sin más arte que cubrir gran cantidad de ellas con un montón de leña menuda al cual se pone fuego por varios lados». Cuatro siglos después, la descripción sigue siendo exacta.
— Diccionario de la Real Academia Española, 12.ª edición (1884), voz mauraca
En varios pueblos la fiesta se combina con jornadas micológicas guiadas por expertos, aprovechando que el otoño alpujarreño es también buena época para las setas en los castañares y robledales. Es habitual encontrar mesas compartidas donde se mezcla la castaña asada con productos de la matanza, jamón de Trevélez y algún plato alpujarreño de cuchara, pensado para entrar en calor según el sol empieza a caer detrás de la sierra.
Cuándo se celebra

La Mauraca se celebra en fechas próximas al día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, aunque cada pueblo elige su propio fin de semana dentro de ese margen. En la práctica hay celebraciones repartidas durante casi todo el mes. Participan más de treinta localidades de la provincia, entre ellas Bubión, Capileira, Trevélez, Órgiva, Lanjarón y la propia Alpujarra de la Sierra.
Las fechas no coinciden entre sí y algunos pueblos las trasladan al fin de semana más cercano según el calendario de cada año. Conviene consultar la fecha exacta de cada localidad antes de salir.
Cómo organizar la visita
¿Buscas la fecha de este año? Consulta el calendario actualizado de la Fiesta de la Castaña en cada pueblo antes de organizar el viaje: las fechas cambian cada año y los alojamientos en los pueblos pequeños se llenan rápido.