
La primera vez que el joven Balam regresó solo a casa pudo verlo frente a él. Cuentan las voces de los vecinos y los abuelos, entre las calles estrechas, a las afueras de Santa Elena, muy cerca del palacio empedrado de Sayil y la gran ciudad antigua de Uxmal, que la noche únicamente pertenece al extraño gigante Ua ua Pach.
Cuántas veces le dijeron que no se abandonara así, después de que nos habíamos reunido para mirar las estrellas adentro del monte y las milpas del terreno de don Cornelio, cuando hablamos de las cacerías y las bellas hijas de don Chel. Cuántas horas nos pasamos tomando el destilado de caña, reventando los troncos del Yaxché (ceiba), sí, cuando las horas nos tomaron en curva e iniciamos a marearnos, o despistarnos unos a otros. Pero se lo comentamos en serio a Balam, cuando la medianoche nos tomó por sorpresa ese viernes de abril, el camino a nuestras casas era un laberinto.
Fue muy tarde. Lo vimos partir en solitario, cuando volvió a aparecer, Balam ya no era el mismo. Pues él no creía en las historias de la gente. Pero Balam logró escapar y vivir apenas para contarlo.
Eran tan oscuras, las calles que conectaban con el pueblo. Balam pudo darse cuenta, la confusa forma de los árboles entró más allá de sus ojos, sin embargo, con el tambaleo de su cuerpo, ya no pudo sostenerse.
Dijo que lo vio con cada uno de los pies de un extremo a otro del camino. Era tan alto que apenas pudo llegarle a sus rodillas. Sus ojos brillaban tanto hasta arder en la cara, con el mismo color sobre la luna, ese verde lastimero que yace en las serpientes de Chaycán.
Frente a Balam estaba el gigante colosal esperándolo con sus tres lenguas filosas. El joven sintió escalofríos y la piel fue levantándose con cada uno de los diminutos vellos del brazo. El Ua ua Pach tenía colgado alrededor del cuello algunos terribles collares con formas desconocidas. Balam, en cambio, había perdido la calma, y el silencio de la noche fue asomándose entre los ruidos opacos del gigante.
El Ua ua Pach estaba formado con la masa de la tierra mojada después de las lluvias, a lo largo de los años había coleccionado el cuerpo de sus víctimas. Se había hurtado a muchas jovencitas del pueblo, o algunos niños, los cuales se extraviaban durante el juego silencioso entre los patios.
El gigante fue tallado por los seres del inframundo con un cuerpo esbelto y escurridizo, que podía caber hasta por debajo de las puertas y entre el pasillo más angosto de las casas. Con ese verde serpentino diluía el alma de las personas con el agrio sabor del veneno más mortífero sobre la Tierra.
Tres collares hechos con el riñón endurecido de un jabalí. Así lo vio Balam aquella noche, cuando el Ua ua Pach dijo su sentencia:
—El primero es para ahorcar a la primera doncella que se interponga en mi camino; el otro, es para ahorcar al niño que caiga en mis engaños; y el último, es para un ebrio solitario, y así ahorcarse cuando suene en el Sol mi nombre y llegue la hora en que todos los Sabios del pueblo desaparezcan.
Fueron breves sus palabras, penetraron en los oídos del muchacho y la noche comenzaba a sentirse raramente endurecida, porque los ojos del gigante fueron entrando hasta en el alma del joven, iban prolongando su adolorida sensación, la misma que sienten los que son apuñalados por la espalda y la punta de las dagas van rompiendo cada uno de los pliegues del cuerpo íntegro hasta enrollarse alrededor de las venas del cuello. Sintió ahogarse, y no volver. Sintió irse, por ese lado más oscuro y fugaz, justo cuando el alma se percibe, por fin, afuera.
El joven Balam regresó a casa, pero durante las primeras horas de la mañana, ya nunca fue el mismo. Lo platicaron las voces de los vecinos y los abuelos, entre las limitadas calles de Santa Elena, muy cerca del palacio empedrado de Sayil y la gran ciudad antigua de Uxmal, después de encontrar justo a mediodía al joven amarrado del cuello en el árbol sagrado del Yaxché. Lo supimos ese día, sí, siempre fue cierto, la noche solitaria únicamente pertenece al extraño gigante Ua ua Pach.
Autor: Por Daniel Sibaja
Este relato participa en el Concurso literario de cuentos y leyendas del Mundo. Es una interpretación libre del autor.
