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Torre Maciacerrea: Vigía del Altiplano Granadino

    Torre Maciacerrea: Vigía del Altiplano Granadino

    En las tierras altas del norte de Granada, en el corazón del altiplano, se alza en solitario los restos de un antiguo baluarte: la Torre Maciacerrea, también conocida como La Torrecica o, más formalmente, Torre de Cúllar. Esta modesta pero estratégica atalaya es un vestigio de un tiempo en que los ecos de las campañas militares resonaban en la frontera entre los reinos cristiano y nazarí . 

    Contexto histórico: la frontera nazarí

    La historia de la Torre Maciacerrea se inscribe en el complejo entramado de defensa fronteriza de la Granada nazarí, el último reino musulmán de la Península Ibérica. Tras la fragmentación del Califato de Córdoba y la posterior conquista cristiana, el reino de Granada se convirtió en un bastión islámico resistiendo el avance cristiano durante más de dos siglos.

    A partir del siglo XIV, bajo los mandatos de los emires Ismail I y Muhammad V , el reino nazarí fortaleció su sistema defensivo en el altiplano granadino, especialmente en zonas como Baza, Guadix y Huéscar. Para contener las incursiones castellanas que llegaban desde Lorca, se diseñó una densa red de alcazabas, castillos y torres de vigilancia, como la de Maciacerrea.

    Torre Maciacerrea: Vigía del Altiplano Granadino

    Estas torres no eran solo puntos de observación, sino también elementos clave en la logística defensiva del territorio. Eran testigos y actores de la resistencia musulmana frente a los avances de los ejércitos cristianos, que asediaban el reino por múltiples frentes.

    Las torres atalayas vigilaban el paso de personas y mercancías al interior del reino de Granada desde Lorca. Levantar estos baluartes se convirtió, además, en una manera sencilla y económica de mantener la vigilancia en el territorio, pues solo se necesitaba un pequeño retén formado por dos o tres soldados en cada torre, para dominar un amplio espacio.

    La guerra por el altiplano: siglos de disputa

    Torre Maciacerrea: Vigía del Altiplano Granadino

    En el año 1241, las plazas de Huéscar, Galera,  Orce y Castril cayeron bajo dominio cristiano, pero la situación dio un giro casi un siglo después. En 1324, Ismail I logró recuperarlas tras su victoria en La Vega (1319), imponiéndose a los tutores del joven Alfonso XI. Esta reconquista no solo supuso una hazaña militar, sino también un impulso para reorganizar la defensa fronteriza.

    La Torre Maciacerrea, junto con muchas otras de la zona, fue reforzada o construida durante esta etapa. Su función era doble: vigilar y alertar sobre movimientos enemigos y, al mismo tiempo, formar una red de apoyo logístico para pequeñas guarniciones locales que custodiaban los pasos más vulnerables.

    Sin embargo, a medida que avanzaba el siglo XV, la presión castellana fue aumentando. Las campañas militares impulsadas por los Reyes Católicos y sus predecesores lograron arrebatar estas posiciones a los nazaríes, y en las décadas finales del siglo la mayoría de estas torres y plazas ya estaban bajo dominio cristiano.

    El declive y legado de las torres

    Una vez consolidada la conquista cristiana, muchas de estas atalayas perdieron su función defensiva. Algunas fueron abandonadas, otras reutilizadas para fines agrícolas o de pastoreo, y no pocas resultaron destruidas por orden de los Reyes Católicos, como forma de evitar su reutilización en futuras revueltas o conflictos.

    A pesar de este declive funcional, estructuras como la Torre Maciacerrea han perdurado como testigos pétreos del pasado. Su conservación, aunque parcial y deficiente, nos permite comprender cómo funcionaban las redes defensivas medievales y cuál era la importancia estratégica del altiplano granadino como línea de contacto entre dos mundos enfrentados.

    Ubicación estratégica de la Torre de Maciacerrea

    Torre Maciacerrea: Vigía del Altiplano Granadino

    La torre se encuentra a una altitud de 1.093 metros, en el cerro de la Torrecilla, en la esquina sur-sureste de la Sierra del Periate, a unos 3.700 metros al este-noreste del núcleo urbano de Cúllar. Esta posición elevada y aislada le permitía ejercer una función de vigía sobre importantes rutas de paso: el corredor que conecta Cúllar con los Vélez y Huéscar, y el acceso desde Puerto Lumbreras por Venta Quemada hacia la Hoya de Baza.

    Desde su emplazamiento, la torre mantiene contacto visual con otras estructuras similares, formando parte de una antigua red defensiva de carácter óptico. Entre ellas destacan la Torre del Alabí (en Cúllar), la Torre del cerro de la Venta (en Venta Quemada) y la Torre de Ozmín (en Galera). Esta conexión visual era esencial para comunicar posibles amenazas, permitiendo encadenar mensajes con rapidez mediante señales de humo, fuego o espejos.

    Descripción y características constructivas de la Torre de Maciacerrea.

    Torre Maciacerrea: Vigía del Altiplano Granadino

    La Torre de Maciacerrea presenta una planta circular con forma cilíndrica, una tipología típica de las atalayas medievales andalusíes. Actualmente se conservan unos 3,80 metros de altura, siendo su punto más elevado el flanco este, que alcanza los 3,93 metros, mientras que el flanco norte está muy deteriorado. El diámetro interior de la torre es de aproximadamente 3,75 metros.

    Construida en mampostería, se utilizaron piedras de gran y mediano tamaño, colocadas sin formar hiladas regulares. Los mampuestos fueron acuñados con lajas más pequeñas, formando verdugadas horizontales que conferían mayor estabilidad. En su cara norte aún se aprecian restos de un enfoscado de mortero de cal, vestigio de su revestimiento exterior original. El interior está relleno de piedras, fragmentos cerámicos y argamasa, lo que revela un sistema constructivo pensado para resistir tanto el paso del tiempo como posibles ataques.

    Lo que hoy vemos, sin embargo, no es más que el tercio inferior de lo que antaño fue una torre mucho más elevada y compleja. Este tercio inferior, completamente macizo, ofrecía solidez estructural frente a los embates naturales y garantizaba una base resistente ante asedios o impactos.

    Los dos tercios superiores, hoy desaparecidos, albergaban una estancia y una terraza. La estancia era donde residía el atalayero o vigilante. Este espacio no era accesible desde el suelo: la entrada se encontraba a unos cinco metros de altura, en forma de puerta-ventana elevada, típica de las torres defensivas andalusíes. El acceso se realizaba mediante una escalera móvil —de cuerda o madera— que se retiraba en caso de peligro, dificultando el asalto.

    Torre Maciacerrea: Vigía del Altiplano Granadino

    El habitáculo interior estaría cubierto con una bóveda de medio cañón, y contaría con una segunda ventana, orientada hacia el área de vigilancia estratégica, permitiendo una amplia observación del entorno. Desde este punto se controlaban las rutas de acceso desde Lorca, Venta Quemada y los caminos que llevaban a Baza o a la comarca de los Vélez.

    Desde esta estancia, unas escaleras empotradas en el muro —formadas por grandes piedras salientes— permitían al vigilante subir a la terraza superior. Esta terraza, posiblemente protegida por un peto de piedra perimetral, servía como mirador panorámico, ideal para cumplir su función como puesto de alerta temprana.

    La torre estaba equipada con un sistema de señales ópticas, indispensable en la red de defensa nazarí. Durante el día, se utilizaban señales de humo o reflejos con objetos metálicos o espejos. Por la noche, se encendían hogueras (almenaras). Estas señales se hacían visibles desde otras torres o núcleos cercanos, como la Torre del Alabí, la del Cerro de la Venta o la de Ozmín, activando una cadena de comunicación rápida a lo largo del territorio.

    Hoy, en la base del cerro donde se alza la torre, aún se encuentran restos de una alberca y un pozo hacia el norte, construidos con hormigón. Estos elementos podrían haber servido de abastecimiento de agua para los vigías que custodiaban este enclave, complementando la infraestructura de una torre que, aunque modesta en tamaño, jugó un papel clave en la defensa del altiplano granadino.

    Valor patrimonial y protección

    En 1985, la Torre Maciacerrea fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC), lo que garantiza cierto grado de protección legal. Sin embargo, como ocurre con muchas otras torres de vigilancia andalusíes, su conservación deja mucho que desear. El aislamiento del paraje, la erosión natural y la falta de actuaciones de restauración han hecho mella en su estructura.

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