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Torre atalaya de Almorox

    Torre atalaya de Almorox
    Torre atalaya de Almorox

    Enclavada estratégicamente en la majestuosa Sierra de Montilla, la Atalaya de Almorox se erige como un guardián histórico en las tierras de Huéscar. Más que una simple torre, esta estructura es un testigo silencioso de las batallas que tuvieron lugar en la frontera entre al-Ándalus y los reinos cristianos y formó parte del sistema defensivo oscense.

    Sistema Defensivo de Huéscar

    En pleno siglo XIV, la comarca de Huéscar se erigía como un bastión crucial en la frontera, con fortalezas y torres estratégicamente distribuidas desde Huéscar hasta Alcaudete, delineando una línea defensiva que marcaba la resistencia árabe frente a las incursiones cristianas. Este periodo, lleno de altibajos, dejó un legado de estructuras defensivas.

    Huéscar en la Línea del Frente

    En el corazón de este sistema defensivo se encontraban fortalezas como Huéscar, Orce, Galera, Castril, Tíscar, Quesada, Bélmez, Huelma, Cambil, Alhabar y Alcaudete. Estas no solo eran testigos de las alternancias entre el dominio musulmán y cristiano, sino que también conectaban con otras posiciones estratégicas, como las fortalezas de Vélez Rubio y Vélez Blanco, enlazando con el sector oriental.

    Las fortalezas de Huéscar no solo eran bastiones defensivos, sino también objetos de deseo en la contienda. En 1324, Ismail I recuperó Huéscar, Orce, Galera y Castril de manos cristianas, fortaleciendo la región y estableciendo una línea de defensa para prevenir amenazas desde Castilla.

    Ismail I mandó levantar torres atalayas en zonas estratégicas del territorio, que formaron parte del sistema defensivo y fronterizo de Guadix, Huéscar y Baza. 

    Las atalayas y torres de vigilancia punteaban el paisaje, vigilantes silenciosos de la frontera. Alrededor de Huéscar, atalayas como Botardo, Encantada, Sierra del Muerto, Castril, Almorox y Sierra Bermeja resaltaban la importancia estratégica de la región. En Galera, las torres de Galera, Fuente Amarga y Ozmín se alzaban como guardianes. En Orce, las torres de Salar y la Umbría completaban la red, controlando los caminos hacia el interior del reino.

    Estas torres atalayas vigilaban el paso de personas y mercancías al interior del reino de Granada desde Lorca. Estas torres estaban construidas de mampostería, eran, por lo general, de desarrollo troncocónico y con una altura de entre 9 y 12 metros.

    Levantar torres atalayas se convirtió, además, en una manera sencilla y económica de mantener la vigilancia en el territorio, pues solo se necesitaba un pequeño retén formado por dos o tres soldados en cada torre, para dominar un amplio espacio.

    Torre atalaya de Almorox

    Torre atalaya de Almorox
    Torre atalaya de Almorox

    Detrás de la imponente formación montañosa de Perico Ruiz, la Atalaya de Almorox cumple una misión crucial. Su posición estratégica en la Sierra de Montilla le confiere la capacidad de vigilar la entrada natural entre Las Sierras de Maitena y La Encantada. Colabora en esta tarea con la torre vigía vecina de La Encantada, visible al Sursuroeste, controlando meticulosamente los puntos de acceso del valle esculpido por el río Bravatas (Barbata).

    Además, la atalaya es el único punto visible desde la Sierra del Muerto, al Suroeste, asegurando la defensa de la Villa de Huéscar y facilitando la comunicación con localidades estratégicas como Castril y Castilléjar. Este papel de intermediaria en la red de comunicaciones fortificadas es esencial para entender su importancia histórica.

    Descripción de la Atalaya de Almorox.

    Torre atalaya de Almorox
    Torre atalaya de Almorox

    La Atalaya de Almorox presenta una estructura de base circular y un desarrollo cilíndrico que alcanza una altura de 4,5 metros, que supone algo más de un tercio de su tamaño original.

    Los mampuestos de diferentes tamaños, unidas con argamasa y calzadas con ripios para mayor estabilidad, revelan una construcción que combina funcionalidad y resistencia.

    Las torres de vigilancia de este tipo tenían una altura que superaba los 9 metros. Se caracterizaban por tener los dos tercios inferiores sólidos, mientras que el tercio superior servía como espacio para los vigías. El acceso a este compartimento se realizaba mediante una puerta-ventana ubicada a unos 5 metros desde la base. Para llegar a dicha entrada, se utilizaba una escalera, la cual podía estar hecha de cuerdas o madera y se instalaba o retiraba según la necesidad.

    Las jambas de la puerta-ventana se construían con sillería o con pilastras de ladrillo visto. Los dinteles podían ser rectos de sillería o tener forma de arco rebajado de ladrillo.

    El habitáculo destinado a los vigías tenía una altura aproximada de 2 metros y estaba cubierto por una bóveda de media naranja con un revestimiento de cal.

    Dentro de la estancia de los atalayeros, había otra ventana que daba hacia la zona de vigilancia. Esta ventana estaba conectada a la terraza a través de escaleras, cuyos peldaños eran grandes mampuestos que sobresalían del muro interior. La terraza estaba protegida por un peto perimetral, ofreciendo una vista panorámica del territorio circundante.

    Cuando el encargado de la torre detectaba algún peligro, emitía señales de alarma utilizando humo o señales luminosas durante el día, y almenaras (hogueras) si era de noche, empleando esparto húmedo o seco, respectivamente.

    El Significado de Almorox

    La riqueza cultural de la atalaya se refleja incluso en su nombre. Según investigaciones, el término «Almorox» proviene de la palabra árabe «al murug,» que significa «el prado». Este pequeño detalle lingüístico añade un matiz poético a la historia de la torre, sugiriendo una conexión íntima con la tierra que protegía.

    ¿Cómo llegar a la Atalaya de Almorox?

    Para aquellos que deseen explorar este vestigio histórico, la ruta comienza en Huéscar. Desde la carretera de las Santas, se recorren 6,5 km y se toma un desvío a la izquierda que lleva por una pista forestal durante aproximadamente 950 m. Después de llegar a una cantera de zahorras abandonada, se inicia el trayecto a pie, atravesando la cantera en dirección Norte hasta encontrar el sendero que conduce a la atalaya. La distancia a cubrir a pie es de alrededor de 1 km., con un desnivel de 150 m.

    Desde la cima de la Atalaya de Almorox, se revela un espectáculo visual adicional: el Toyo. Esta espectacular dolina, característica del paisaje kárstico, aguarda a unos 800 m. campo a través. Esta adición al viaje ofrece una experiencia más allá de lo histórico, sumergiéndose en la belleza natural de la comarca.

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