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arbequina 

La arbequina es una de las variedades de olivo (Olea europaea) más extendidas y apreciadas en el mundo. Aunque su origen se sitúa históricamente en Cataluña (Arbeca), se ha adaptado extraordinariamente bien al clima andaluz, convirtiéndose en una pieza clave de la producción de Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) de alta gama.


La Arbequina: El Oro Líquido de Fragancia Frutal

arbequina 

En Andalucía, la arbequina ha ganado terreno frente a variedades más tradicionales como la picual o la hojiblanca gracias a su productividad y precocidad. Es un árbol de porte bajo, lo que facilita enormemente la recolección mecánica, y produce una aceituna pequeña pero con un alto rendimiento graso.

Lo que hace especial a la arbequina es su perfil sensorial. El aceite resultante es suave, dulce y muy fluido, con un picor y amargor casi imperceptibles. Es famoso por sus aromas a frutas frescas: manzana, plátano y almendra verde. En la cocina andaluza contemporánea, se ha convertido en el aceite favorito para repostería, mahonesas y para aquellos paladares que buscan un sabor menos intenso que el del olivar de montaña.

Un viaje de Oriente a Cataluña: La historia de la Arbequina

Aunque hoy la vemos por toda Andalucía, la arbequina es una viajera incansable. Su historia documentada comienza en el siglo XVIII, de la mano de Medinaceli, el barón de Arbeca (un municipio de la comarca de Las Garrigues, en Lérida).

Cuenta la tradición que este noble trajo la variedad directamente de Palestina (concretamente del entorno de Jerusalén o de la actual zona de Israel y los Territorios Palestinos). El barón quedó tan fascinado por la calidad del aceite que daban aquellos árboles en Oriente que decidió introducirlos en sus dominios catalanes. Prometió una recompensa de un «real de vellón» por cada olivo de esta clase que sus campesinos plantaran, lo que provocó una expansión fulgurante por toda la zona de Lérida y Tarragona.

arbequina 

Durante siglos, la arbequina fue un secreto bien guardado del noreste peninsular. Sin embargo, con la llegada de la agricultura moderna y los sistemas de riego por goteo en los años 90, los ingenieros agrónomos andaluces se dieron cuenta de que el porte recogido del árbol y su resistencia lo hacían perfecto para el cultivo en seto (superintensivo). Así, la arbequina inició su «segunda conquista», bajando al sur para conquistar los valles del Genil y del Guadalquivir, donde el sol andaluz potenció sus aromas frutales hasta niveles desconocidos en su tierra de origen.


¿Qué características tiene la oliva de la variedad arbequina?

La aceituna arbequina es fácilmente reconocible en el campo por una serie de rasgos morfológicos y biológicos que la distinguen de otras reinas del olivar andaluz como la picual o la hojiblanca.

1. Morfología del fruto (La Aceituna)

  • Tamaño: Es una de las más pequeñas que existen. Su peso suele oscilar entre los 1 y 2 gramos.
  • Forma: Es casi perfectamente esférica y simétrica, a diferencia de la picual (que tiene «pico») o la cornicabra (que es encorvada).
  • Color de maduración: Pasa de un verde brillante a un color morado oscuro o negro cuando alcanza su madurez total. No tiene lenticelas (puntos blancos) muy marcadas en la piel.
  • Relación pulpa/hueso: A pesar de su pequeño tamaño, tiene una alta concentración de aceite. Su hueso es pequeño y redondeado.

2. Características del árbol (El Olivo)

  • Vigor: Es un árbol de vigor medio-bajo. No alcanza las alturas colosales de los olivos centenarios de otras variedades, lo que lo hace ideal para el cultivo «en seto» (filas apretadas que se recolectan con máquinas cabalgantes).
  • Resistencia: Soporta muy bien el frío invernal (característica que le ayudó en su origen leridano), aunque es algo más sensible a los suelos calizos o con mucha salinidad.
  • Productividad: Es una variedad muy constante. No sufre tanto el fenómeno de la «vecería» (un año mucha cosecha y al siguiente poca) como otras variedades.

Presencia en la provincia de Granada

Como bien decíamos, en Granada la arbequina no solo es una recién llegada, sino una habitante que ha sabido buscar los mejores rincones:

  • Valle de Lecrín: En esta «entrada» a la Alpujarra, la arbequina se beneficia de un microclima donde la humedad del río y la protección de la sierra evitan que el fruto sufra por calores extremos, dando aceites con notas de hierba recién cortada.
  • Altiplano Granadino (Puebla de Don Fadrique / Huéscar): Aquí se enfrenta a inviernos duros. A diferencia de otras variedades, la arbequina aguanta relativamente bien el frío si el suelo es profundo, ofreciendo un AOVE muy equilibrado en estas tierras altas.
  • Pago de Quiñón (Almuñécar): Es el experimento tropical. El aceite de arbequina producido cerca del mar adquiere matices casi exóticos, menos amargos y muy dulces, ideales para el consumo en crudo.
  • Deifontes: En este pueblo, que es puro olivar, la arbequina se utiliza para «suavizar» las cosechas tempranas de picual, creando mezclas (coupages) que son un éxito en las ferias gastronómicas.
  • Iznalloz: En los Montes Orientales, la introducción de esta variedad ha permitido a los agricultores diversificar la fecha de recogida, ya que la arbequina madura antes que la aceituna autóctona, optimizando el trabajo en la almazara.

Presencia en el resto de Andalucía

Sin repetir los enclaves que ya conocemos del Guadalquivir o el desierto, la arbequina ha colonizado otros puntos estratégicos:

  • Campiña de Baena (Córdoba): Aunque el reino aquí es de la «picuda», las nuevas fincas de arbequina están aportando una suavidad que los mercados internacionales demandan cada vez más para las ensaladas de verano.
  • Litoral de Huelva (Lepe / Cartaya): En una zona tradicionalmente de fresas y cítricos, el olivar de arbequina en seto se ha convertido en una alternativa rentable que aprovecha la tecnología de riego ya instalada.
  • Serranía de Ronda (Málaga): En algunas fincas de diseño y agricultura ecológica, la arbequina se cultiva buscando la excelencia, extrayendo aceites que parecen perfumes por su intensidad de aromas a manzana y plátano.
  • Comarca del Condado (Huelva): Aquí la arbequina convive con el viñedo, aportando una nota de color plateado al paisaje de las vides y produciendo aceites que son la pareja perfecta para los pescados de la costa onubense.
  • Zona de Campo de Níjar (Almería): Aprovechando cada gota de agua, los olivares de arbequina aquí producen un aceite «temprano» (recolectado en octubre) que es auténtico zumo de fruta por su frescura y baja acidez.

La arbequina es, por tanto, una inmigrante de lujo que, tras pasar por Cataluña, encontró en el suelo de Granada y Andalucía su hogar definitivo para brillar con luz propia.

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