
El Castillo, Castillejo, fuerte, o fortaleza de Carchuna, es una construcción defensiva militar, cuya edificación se inició en 1766. Se sitúa a apenas un centenar de metros de la costa.
Tras la conquista de Granada se comienzan a fortificar algunas zonas de la costa española, sin embargo en el reinado de Carlos I no se le prestó una destacada atención al litoral granadino. No es hasta la llegada de Felipe II, en la segunda mitad del siglo XVI, cuando se comienza a realizar una fortificación y defensa del litoral más intensa.
Posteriormente en el siglo XVIII, con la llegada de Carlos III al trono, debido al enfrentamiento británico-español causado por la Guerra de Sucesión, los constantes ataques piráticos, y el contrabando de mercancías por el litoral, hacen que se incrementen los esfuerzos en defender la costa.
Para salvaguardar esta parte de la costa motrileña, se decidió además de adaptar el Castillo de Salobreña, construir varias torres, atalayas y baterías de cuatro cañones, entre ellas la de Carchuna.
La función del “Fuerte con Batería para cuatro cañones de 24 libras”, como se llama esta fortificación, era repeler los ataques desde el mar e impedir los desembarcos. Este inmueble fue ideado por José Crame, a semejanza del Castillo de la Herradura, y con un presupuesto en torno a los 200.000 reales de vellón .
La batería tenía la entrada al norte, se accedía por medio de un puente levadizo sobre un foso. Mirando al mar había una batería semicircular de cuatro piezas, que cubría el fuego desde el cabo Sacratif hasta Calahonda. Tenía contacto con el Farillo de Calahonda y la Torre del Zambullón
El Castillo de Carchuna, contaba dentro con dependencias para cuadras, almacenes, oficinas, alojamientos y capilla. Sus muros y baluartes tenían huecos por los que asomar la artillería.

En 1769 ya estaba terminada la batería de Carchuna, pero las continuas remodelaciones durante finales del siglo XVIII y la lucha contra el invasor francés, entre 1810 y 1812, dejaron a esta fortificación en muy malas condiciones.
En la segunda mitad del siglo XIX fue usada como acuartelamiento de Carabineros , y posteriormente de la Guardia Civil.
Lo más destacable de la historia de la Fortaleza de Carchuna, es que fue prisión en la Guerra Civil española, acogiendo a más de 300 prisioneros republicanos, en su gran mayoría procedentes de la caída del Frente Norte de Asturias, y que fueron protagonistas de una operación de rescate en mayo de1938.
LA GRAN EVASIÓN.
La fuga que protagonizaron los republicanos asturianos en mayo del 38, fue concebida en dos fases. En la primera fase se escaparon 4 presos del campo de trabajos forzados, que eran empleados en la construcción de un campo de aviación y una carretera militar. En la segunda fase regresaron con ayuda para liberar a sus compañeros.
La primera fase se desarrolló a las seis de la tarde del 18 de mayo de 1938, cuando Joaquín Fernández Canga, Secundino Álvarez Torres, Esteban Alonso García, y Cándido López Muriel, huyeron a la salida del trabajo de campo, caminaron durante horas hasta llegar a posiciones republicanas, defendidas por la 55ª Brigada. Esta fase tuvo éxito gracias en parte a la connivencia de dos de los carceleros franquistas, que no dieron la voz de alarma hasta más de un día después.
Para llevar a cabo el asalto y la liberación de sus camaradas del Fuerte de Carchuna, se preparó un grupo de treinta hombres, entre soldados de la 55ª Brigada, paisanos guerrilleros, todos al mando del teniente Bill Aalto.

En la madrugada del 23 de mayo se dirigieron en varias barcas hacia la costa de Carchuna. Una vez que llegaron a la playa, ocuparon una chabola donde dejaron algunas bombas de mano. Después cortaron las lineas telefónicas para que la guarnición de Guardia Civil no contactara con Motril.
El grupo republicano se acercó entonces al Fuerte de Carchuna, reduciendo a los centinelas y tras ser lanzada una bomba de mano por parte de los asaltantes, la guarnición franquista salió con los brazos en alto. Los republicanos fusilaron a un alférez, tres sargentos y un cabo furriel, que según ellos eran los “verdugos del fuerte”.
Pasado este episodio los casi trescientos presos fueron liberados, y se dirigieron a Calahonda, donde se enfrentaron con la Guardia Civil.
¿No se supone que los soldados que se rinden son prisioneros de guerra y que deben ser tratados con respeto y dárseles comida y alojamiento? Luego, los de siempre se quejan de que hubo «represión» con los que perdieron la guerra… ¿O es que pensaban que sus atrocidades iban a quedar sin la adecuada respuesta? Pues eso.
De verdad haz escrito eso, la mayor atrocidad que se puede dar en un país que es enfrentar españoles contra españoles, verdes o rojos, franquistas o republicanos, pregunta a los pocos mayores que aun viven, si pudieron elegir en que bando se alistavan, el ansia de poder llevo a matarse entre hermanas/nos , por cuatro degeneradas/os que sabian bien manipular a un pueblo analfabeto.