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MARTIRIO DE JUAN CETINA Y PEDRO DUEÑAS La cartela en memoria de los mártires se encuentra en el el atrio de la Iglesia de Santa María de la Alhambra

IGLESIA DE SANTA MARÍA DE LA ALHAMBRA

IGLESIA DE SANTA MARÍA DE LA ALHAMBRA

En el atrio de la Iglesia de Santa María de la Alhambra, podemos ver una columna de piedra pudinga coronada con una cartela escrita en Latín, que recuerda el martirio de Juan Cetina y Pedro Dueñas.

Esta cartela, es una reproducción de la original, realizada, en 1610, por iniciativa del arzobispo Pedro de Castro Cabeza de Vaca y Quiñones, y que se encuentra en el Museo de la Alhambra. En ella se puede leer:

Año de MCCCXCVII a XII de mayo, reinando en Granada Mohamed, fueron martirizados por mandato del mismo rey en esta Alhambra Fr. Pedro de Dueñas y Fr. Juan de Cetina, de la Orden del P. S. Francisco, cuyas reliquias están aquí. A cuya honra y de Dios nuestro Señor se consagra esta memoria por mandato del Ilustre Sr. D. Pedro de Castro, arzobispo de Granada, año MDCX“.

Pero, ¿quienes fueron Juan Cetina y Pedro Dueñas?

Juan Lorenzo de Cetina fue un monje franciscano que nació en la localidad de Cetina, a unos veinte kilómetros de Calatayud, en 1360, aunque para algunos investigadores como Cabanelas, pudo nacer veinte años antes, en 1340. Cetina se hizo ermitaño, en una gruta cercana a Cartagena, conocida como la ermita de San Ginés.

CARTELA MARTIRIO DE JUAN CETINA Y PEDRO DUEÑAS

CARTELA MARTIRIO DE JUAN CETINA Y PEDRO DUEÑAS

Allí, en Murcia entró a formar parte del convento franciscano de Monzón. Cetina, de fuertes convicciones religiosas, intentó marchar a Palestina para predicar. Sin embargo, tras ser desaconsejado por el Papa Bonifacio IX, marchó a tierras granadinas, pero antes pasó por Adamuz.

En la localidad cordobesa de Adamuz, Cetina, reclutó al joven palentino Pedro de Dueñas.

Juan Cetina, ya era conocido a finales del siglo XIV por sus “milagros”. Al parecer, abortó un fuego en la cocina del monasterio franciscano de Adamuz, curó la pierna a un seglar y desplazó sin esfuerzo una piedra imposible de mover.

En enero de 1397, Juan Cetina y Pedro de Dueñas llegaron a Granada. Y allí comenzaron a predicar. Las crónicas de la época cuentan que “predicavan a Christo por verdadero Dios y hombre, condenavan a Mahoma por falso engañador”. Poco pudieron predicar por las calles de Granada, pues fueron apresados inmediatamente y permanecieron en la cárcel real de la Alhambra, hasta el 17 de febrero. Pero para ambos este cautiverio fue una nueva oportunidad, para seguir predicando, entre otros cautivos y haciendo misas dentro de la cárcel. Tanto insistieron que al final les costó la vida. 

CARTELA MARTIRIO DE JUAN CETINA Y PEDRO DUEÑAS

CARTELA MARTIRIO DE JUAN CETINA Y PEDRO DUEÑAS

El 14 de abril, el duodécimo sultán de la dinastía nazarí, Muhammad VII, al regresar de Málaga, se enteró de que estos cristianos estaban predicando la religión cristiana como la verdadera, y les exigió un milagro para que pudieran salvar la vida. Pero el milagro no surgió, y tras varias horas de tortura e interrogatorio, el sábado 19 de mayo, el propio Muhammad VII, fue quien cercenó, con su cimitarra, las cabezas de ambos frailes a las puertas de la Mezquita Real de la Alhambra, hoy Iglesia de Santa María de la Alhambra. 

Con el paso del tiempo, este luctuoso acontecimiento fue exagerándose. Según contaron algunos cristianos, los cadáveres fueron arrastrados por caballos hasta el lugar que hoy ocupa la Iglesia de San Gregorio. Pero para los sefarditas, los cadáveres de Cetina y Dueñas, fueron arrojados a un muladar, que había a las afueras de Granada, más o menos por donde están los Jardines del Triunfo.

A los pocos meses de la muerte de Juan Cetina y Pedro Dueñas, ya se hablaba de nuevos milagros por parte de Juan Cetina, concretamente en Alcalá la Real, donde comenzó la veneración por los santos, y el mercadeo con sus reliquias, que fueron repartidas en varias ermitas y conventos, entre ellos, la ermita de San Gregorio, la Casa Grande de los franciscanos granadinos, el convento franciscano de la Alhambra, en Cetina, en Calatayud, en Zaragoza, en Lucena, etc…

Tras la conquista de Granada, son los Reyes Católicos los que quieren preservar el nombre de los dos franciscanos asesinados. Erigiendo la ermita de los Mártires, actual Carmen de los Mártires, y la Ermita de San Gregorio, actual iglesia de San Gregorio Bético. 

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