
El Cerro de Martilla se encuentra en el término municipal de Loja, a unos 3,5 kilómetros al oeste de la población de Ventorros de San José. Se trata de un promontorio calizo que se eleva sobre una zona de relieve alomado. El paisaje se caracteriza por la presencia de cultivos de secano, fundamentalmente olivos y cereales.
En lo alto del Cerro de Martilla se localizan unos dólmenes, una necrópolis de época altomedieval, y los exiguos restos de una torre árabe de los que hoy os damos cuenta.
Torre de Martilla
La Torre de Martilla está situada en el extremo Oeste del cerro homónimo. Su construcción data de la época nazarí . El emplazamiento fue estratégicamente escogido, pues desde este enclave se domina un sector de suave pendiente que se extiende al suroeste del cerro, un pasillo entre los ríos Genil y Pesquera, y la desembocadura de estos en el actual pantano de Iznájar. Era el primer hito defensivo, que tenían que sortear las tropas castellanas si querían avanzar hacia Loja.
La atalaya árabe de Martilla está vinculada directamente al sistema defensivo del Castillo de Zagra, y aparece en el Libro del Repartimiento de Loja como “Torre del Molejón”.
Molejón era el nombre del asentamiento que se encontraba en los alrededores de la atalaya durante la conquista castellana.

De la atalaya de Martilla solo quedan, en la actualidad, 2,30 metros de su altura original, que corresponde con el núcleo macizo. Está formado por piedras irregulares unidas con argamasa y está coronada con un punto o vértice geodésico.
A pesar de lo poco que queda de ella te podemos describir como estaba construida y cual era su función. Pero, antes deja que te contemos, a groso modo, como era el sistema defensivo organizado en torno al Castillo de Zagra.
Sistema defensivo del Castillo de Zagra
A partir del siglo XIV, debido a los avances de las tropas castellanas desde Priego de Córdoba, los nazaríes levantaron numerosas fortificaciones con la intención de proteger sus fronteras. Los baluartes más significativos en el entorno, hasta llegar a Loja, fueron los castillos de Zagra y de Cesna, que estaban apoyados por numerosas torres atalayas. El castillo de Zagra tendría contacto directo con las torres atalayas de Cerro Martilla, Cortijo Viejo y Pesquera.
Las torres-atalayas eran baluartes defensivos situados en enclaves de óptima visibilidad, ocupando, en la mayoría de los casos, las cumbres de los cerros más elevados. En otras ocasiones se emplazaban en lugares destacados de las laderas, que contaban con una situación visual privilegiada hacia valles y otras fortificaciones.
¿Cómo era Torre Martilla?
Torre Martilla sigue la estructura típica de las atalayas árabes de planta circular y desarrollo troncocónico que se levantaron durante el siglo XIV.

La base pudo tener unos 5,40 metros de diámetro. Se elaboró de mampostería, con piedras de mediano y gran tamaño unidas por una argamasa de abundante cal y de aspecto terroso, con un árido fino. El exterior de la torre estaría enlucido con mortero de cal
Podría tener unos 9 metros de altura. De los cuales los dos tercios inferiores formaban un cuerpo macizo, y en el tercio superior se encontraba un habitáculo, al que se accedía por una puerta-ventana situada a unos 6 metros del suelo.
Para llegar a la puerta-ventana había que subir por una escalera, realizada de cuerdas o de madera. La escala se retiraba para impedir que el enemigo pudiera acceder a la torre, evitando así que los atalayeros fueran sorprendidos o capturados.
La puerta-ventana daba paso a un pequeño habitáculo cubierto con bóveda de medio cañón, realizada de mampostería. El habitáculo tendría otra ventana que daba hacia la zona de vigilancia. Desde la estancia se subía a la terraza, mediante una estrecha escalera, construida de la misma mampostería que la torre. La azotea dispondría de un peto perimetral y una garita o trampilla que cubría la salida de la escalera y el cañón de la chimenea. Desde la terraza se podía vigilar una extensa área, teniendo comunicación visual con otras torres del entorno. En caso de peligro, los atalayeros daban la voz de alarma a otros baluartes, mediante señales de humo durante el día y con hogueras por la noche.