
En el corto trayecto de apenas 500 metros, que separa los Jardines del Triunfo de la Puerta de Elvira, por la Avenida Capitán Moreno tienes la oportunidad de descubrir un buen puñado de enclaves y edificios históricos. Además del imponente Hospital Real, puedes asomarte a la iglesia de San Ildefonso, el antiguo Convento de la Merced, ambos del siglo XVI, e incluso, visitar las antiguas factorías militares, actual sede del CEMED. Frente a los edificios castrenses se encuentra la tranquila Plaza de la Libertad. Aquí, descansar, leer un rato, o sacar a tu mascota a pasear es una buena opción.
Muchos de los que transitan por esta plaza lo hacen con paso acelerado, pues la utilizan como trocha, para llegar antes a su destino. Pocas personas nos paramos a conocer la truculenta historia que encierra este espacio. Cerca de aquí fue injustamente “ajusticiada”, mediante el garrote vil, Mariana Pineda.

Aprovechando las agradables temperaturas, que nos acompañan, nos aventuramos a aminorar la marcha, sentarnos en uno de los bancos de madera, y disfrutar del entorno rememorando la figura de “La Heroína de la Libertad”.
A pesar de que en otras ocasiones nos hemos acercado a la vida de Mariana Pineda al hablar de su casa en la Calle Águila, y del monumento en su memoria, en la plaza de Mariana Pineda, creemos que, este es un buen momento para profundizar un poco más en su biografía y en su muerte.
Apuntes biográficos de Mariana Pineda
Mariana Pineda nació en Granada el 1 de septiembre de 1804, fue bautizada en la parroquia de Santa Ana con los nombres de Mariana, Rafaela, Gila, Judas Tadea, Francisca de Paula, Benita, Bernarda, y Cecilia.

Sus padres eran de clases sociales muy dispares: Él, Mariano de Pineda, capitán de navío procedente de la realeza guatemalteca y ella, Mª. Dolores Muñoz, una humilde mujer de Lucena. Esta diferencia de clases fue el motivo por el que no obtuvieron permiso para contraer matrimonio. La vida de Mariana Pineda pronto se verá condicionada por este hecho. La madre de Mariana, para presionar y obtener el permiso nupcial, se la llevó. El padre acudió a la tropa para rescatarla y ponerla a su cuidado.
Mariana Pineda se quedó huérfana, de padre, tan solo con 2 añitos. Quedó al cuidado de su tío, José de Pineda, que se deshizo de ella al poco tiempo, cediendo la tutela al matrimonio formado por José de Mesa y Úrsula de la Presa
Sería en la casa de los Mesa-Presa donde Mariana tuvo contacto con el ambiente liberal, que de forma clandestina frecuentaban y se reunían en la casa.
En estas reuniones es donde Mariana Pineda conoció, con 15 años, al que sería su esposo, el militar Manuel Peralta y Valte.

Con 18 años, 3 años después de su boda, se quedó viuda teniendo a su cargo un hijo y una hija. Se convirtió en un elemento esencial en las reuniones clandestinas de liberales. Proporcionaba pasaportes falsos, mantenía y distribuía la correspondencia bajo nombres ficticios con los exiliados en Gibraltar, y con los presos de Granada, a quienes asistía a diario.
Tuvo varios romances con militares y con el abogado José Peña y Aguayo, de cuya relación nació su hija Luisa, entregada en la casa cuna de Granada.
Cuentan las habladurías, de la época, que el rechazo sentimental de Mariana Pineda al subdelegado de Policía, Ramón Pedrosa, fue la causa de que éste no cejara en su empeño, y se tomara la captura de Mariana como cruzada personal.
Ramón Pedrosa, envió al patíbulo y ejecutó a más de una decena de personas, entre ellas a Mariana Pineda.
El 18 de marzo la policía se personó en su casa de la calle Águila. Allí encontraron una bandera a medio bordar con la leyenda “Ley, Libertad, Igualdad”, por lo que fue acusada de pertenecer a una conspiración liberal. Sin embargo, ella no la bordaba, sino que la dio a unas bordadoras del Albaicín que fueron obligadas a delatarla.
Mariana Pineda fue conducida primero al beaterio de la calle Recogidas, colindante a la iglesia de San Antón, y posteriormente, a la prisión situada en lo que hoy es la calle Cárcel Baja. En la mañana del 26 de mayo fue conducida hacia el Campo del Triunfo, bajo una fuerte vigilancia de tropa a pie y de guardias a caballo, para prevenir cualquier tumulto, pues se esperaba una reacción entre el pueblo.
La sentencia se cumplió como dictaba el artículo 40 del Código Penal de 1822:
La ejecución será siempre pública, entre las once y doce de la mañana, y no podrá verificarse nunca en domingo ni en día feriado, ni en fiesta nacional, ni en el día de regocijo de todo el pueblo.
La pena se ejecutará sobre un cadalso de madera o de mampostería pintado de negro, sin adorno ni colgadura alguna en ningún caso, y colocado fuera de la población, pero en sitio inmediato a ello y proporcionado para muchos espectadores.
El patíbulo se levantó a la izquierda de la imagen de la Virgen de la Inmaculada, a unos 4 metros aproximadamente.

Era un tablado de madera que medía más o menos 1,5 metros de altura, y estaba cubierto de bayetas negras. En un extremo estaba el banquillo, en dirección a la calle de San Juan de Dios, y de espaldas a la calle Real.
Horas más tarde, el cadáver de la ajusticiada fue llevado al desaparecido cementerio de Almengor, situado en las márgenes del río Beiro. Aunque trataron de despojarle de sus ropas, los miembros de la benemérita Hermandad consiguieron que Mariana Pineda fuese enterrada con la misma ropa con la que fue ejecutada.
En el mismo lugar donde el absolutismo terminó con la vida de Mariana Pineda se levantó una cruz en su honor.
Cruz en Honor a Mariana Pineda

La columna que soporta la cruz metálica, es de mármol de Macael, de factura clasicista, en la que se aprecia un estilóbato ligeramente convexo, como fórmula para corregir defectos visuales.
El fuste es liso y está sostenido mediante una basa anillada, sobre ella se alza la pequeña cruz de hierro, que arranca a partir de una pieza geométrica.
La cruz se alzó, en un primer momento, en el Campo del Triunfo, trasladándose, en 1988, al actual emplazamiento que en homenaje a la heroína recibe el nombre de Plaza de la Libertad.
En la peana esta labrada la siguiente inscripción:
“En 26 de mayo de 1831 fue sacrificada en este sitio destinado al suplicio de los criminales, la joven Dª Mariana Pineda, porque anhelaba la libertad de la patria”.
“El Ayuntamiento constitucional y la Audiencia Territorial dispusieron en 1840, que en memoria de tan ilustre víctima, se colocase en este lugar el sagrado signo de nuestra Santa Religión y que se volvieran a hacer ejecuciones en él”
Bibliografía principal:
Tesis doctoral. Aspectos de la figura histórica de Mariana de Pineda en la cultura artística, literaria y teatral española. Autora: Filomena Garrido Curiel